Es sábado, huele a césped natural, el cielo está nublado. Entre los asientos del vetusto Matías Prats se puede ver claramente a un grupo de aficionados animando al juvenil de la  UDC Torredonjimeno. Animan y corean cada jugada de peligro. Chillan cada vez que el peligro se acerca a su portería e incluso vemos a alguna mujer que en las ocasiones en contra se suele tapar los ojos para no verla, como si así el gol visitante no subiera al marcador. Son los aficionados más fieles, los que nunca fallan. Son las familias de los jóvenes futbolistas que entre 17 y 19 años componen la plantilla que dirige y entrena Manuel Molina.

A simple vista todo parece normal, aunque hay un acento en la grada que destaca. Hay un matrimonio que no habla con el habitual ‘tono’ toxiriano, ni siquiera jiennense. Son Jesús y Maribel, son de Castalla, en Alicante, y tienen la costumbre cada 7 días de viajar durante 4 horas en coche para hacer los 475 kilómetros que separan su localidad de Torredonjimeno, municipio en el que su hijo juega actualmente al fútbol. “En esta vida nadie te regala nada y para conseguir algo tienes que padecer”, aclara el padre.

Jesús Prieto tiene 19 años recién cumplidos y es el menor de dos hermanos. Desde los 6 años sus padres y técnicos vieron en él condiciones especiales para desarrollarse como futbolista y apostaron por salir fuera de la localidad donde vivían, para progresar en este complicado mundo. Llegó a Barcelona muy joven, con 14 años, para después aterrizar en Córdoba, aunque tras un año allí decidió firmar por el juvenil del Torredonjimeno. Llamado a ser un hombre importante en el equipo, Jesús dejó todo para incluso trasladar su residencia a Torredonjimeno.

El propio Jesús reconoce haberse adaptado muy bien al municipio e incluso al equipo, aunque espera seguir progresando y es consciente que para hacerlo seguramente necesitará salir de Torredonjimeno. Mientras eso pasa, sus padres, los principales ‘damnificados’ del sueño por ser futbolista por el que trabaja Jesús, admiten de momento tener fuerza para seguir acompañando a su hijo en estos momentos en los que está fuera de casa. “Su pasión es el fútbol y él tiene decidido que quiere vivir de esto, no podemos abandonarlo, al revés, solo acompañarlo”, explican.

Un viaje que puede ‘complicarse’ incluso algún fin de semana porque Jesús vaya convocado con el equipo de Tercera División, como le ocurrió hace unas semanas. “El sábado fui a Torredonjimeno, lo vi jugar con el Juvenil y después el domingo nos fuimos a Alhaurín, que Jesús jugaba con el equipo de Tercera División. Al terminar el partido me vine hasta Alicante. En todo el fin de semana haría casi 1500 kilómetros al coche”, admite su padre.

Jesús, además de jugar al fútbol, estudia un Ciclo de Dirección y Gestión de Empresas en Torredonjimeno. Así, entre el deporte y los estudios transcurre una semana que mejora para él cuando llega el finde, cuando el sábado sus padres rompen la barrera de lo cómodo y cogen su coche para recorrer casi un millar de kilómetros y ayudar Jesús, su hijo menor, en su sueño de ser futbolista.