El día 12 de abril de 1931 fue la fecha señalada para las elecciones municipales que estaba previsto celebrar en esas fechas en una España cuyos votantes sentían -con razón- que estaban ante un momento histórico, como lo fue en efecto, ya que del resultado de esas elecciones dependería la proclamación de la II República el 14 de abril, hecho que abrió unas perspectivas totalmente diferentes  en una nación cuyo régimen monárquico estaba agotado desde hacía mucho tiempo. Ocho años antes, y ante esa situación de evidente decadencia y falta de iniciativas que fuera eficaces para solucionar los problemas de la nación, Alfonso XIII aceptó el golpe de Estado del que fue protagonista el general Primo de Rivera, a la sazón Capitán General  de Cataluña.

 Miguel Primo de Rivera nombró un gobierno de militares inicialmente  y puso en marcha una serie de medidas que, entre otras muchas novedades, programaron y realizaron un amplio plan de obras públicas y otras  iniciativas que crearon muchos puestos de trabajo, razón por la que en sus primeros años en el poder se granjeó el citado gobierno los apoyos de las clases medias y de muchos trabajadores, que vieron que los puestos de trabajo aumentaban notablemente, y, en consecuencia, el bienestar de la clase obrera (que durante la dictadura de Primo de Rivera careció de sus derechos fundamentales). No obstante, en sus últimos años, la dictadura de Primo de Rivera (septiembre de 1923- enero de 1930), declinó notablemente y perdió muchos de sus antiguos apoyos, hasta tal punto que el dictador se vio obligado a dimitir cuando incluso algunas capitanías generales le dieron la espalda. Alfonso XIII había unido su destino al de Primo de Rivera cuando aceptó el golpe militar de 1923, de modo que el final de la monarquía era ya sólo cuestión  de tiempo. Nombró al general Berenguer, que estuvo unos meses en el poder (“dictablanda”de Berenguer), y después al marino Aznar, que estuvo unas semanas, hasta que en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 resultaron vencedores en la mayor parte de las capitales y las grandes ciudades los partidos republicanos, aunque los monárquicos obtuvieron más concejales globalmente, pero las alcaldías republicanas  de capitales ascendían a 40 (incluidas las de ER) y las monárquicas sólo  a 10.

El 14 de abril se proclamaría la II República, un cambio en el que todos confiaban, dado el agotamiento del régimen monárquico anterior, y los destinos de la España del siglo XX se vieron afectados  por completo con las profundas reformas en educación, cultura, hacienda pública, ejército, etc., además de una nueva Constitución, que puso en marcha el nuevo gobierno, condicionaron el desarrollo social y cultural, los progresos, las nuevas leyes  y los serio conflictos -surgidos -como consecuencia de estos cambios- entre 1931 y 1936, problemas que desembocaron en la Guerra Civil, antesala de una nueva dictadura, la de Franco, una extremadamente dura postguerra y un larguísimo periodo de tiempo que concluyó con la restauración monárquica, la transición a la democracia y la Constitución de 1978.