La danza se ha convertido en su forma de vida. Su tenacidad, autoexigencia y dedicación le han permitido llegar a cotas que ni ella misma imaginó. Sabía que el camino estaría lleno de dificultades pero cualquier opción de desánimo desapareció el primer día que pisó una clase de baile. En su currículum, y tras muchos años de esfuerzo y dedicación, la participación en un videoclip del grupo Durango 14 o spots publicitarios de McDonald’s, Bankia o el Instituto Cervantes. A eso se une su inclusión como Bailarina para Jane Dezibel en el festival Sonorama o ser modelo de marcas como Too Cloudy o el Instituto Europeo di Design de Madrid. Aunque sin duda, ser parte de una compañía con veinte años de experiencia en danza como Losdedae es uno de sus mayores logros. Esta joven toxiriana se llama Inés Valderas y aunque en su mente siempre está rondando alguna coreografía, Inés no se olvida de Torredonjimeno. Un lugar que para ella sigue guardando un concepto diferente de entender la vida, tal y como ella hace con su amor por la danza.

¿De dónde surge tu interés por la danza?

– Mi interés por el mundo de la danza surge en un momento de mi vida en el que me encontraba un poco perdida. A mis 24 años pensaba encontrarme todo como cuando empecé a viajar por mi cuenta con 20 años. Sin embargo todo había cambiado mucho. Recuerdo que me encontré con una amiga del instituto un uno de diciembre y me dijo que se iba a bailar. Le dije que me moría de ganas por ir. La danza es algo que, sin saberlo, me había acompañado siempre. Recuerdo las galas de Navidad en Torredonjimeno en casa con mi tía y mi abuela. Bailaba todo lo que ponían y me iba cambiando de ropa como las de la tele. En el colegio también tenía mi grupo de baile en los recreos y en el instituto siempre bailaba en las galas de fin de curso. Sin embargo nunca se me había ocurrido que yo pudiese dedicarme a ello. Es algo en lo que tienes claro que se empieza de pequeña cuando tus padres te apuntan a ballet. Sabes que requiere mil años de formación y dedicación. Yo siempre he pensado que era descoordinada. No soy la más coordinada a día de hoy, ¡pero he mejorado! Más adelante pisé mi primer escenario. Con los pies descalzos supe que era mi sitio.

¿Cómo fueron los comienzos?

– Difíciles e increíbles. Siempre he sido muy perfeccionista y exigente. Son dos cualidades que me han hecho continuar cada día en este mundo a pesar de las dificultades. Esa exigencia hace que sea difícil intentar conseguir cosas que se aprenden a una edad muy temprana como ganar elasticidad, moldear el cuerpo, adquirir memoria coreográfica y conocimiento y control del cuerpo así como rapidez, coordinación y musicalidad. Yo lo quería todo y lo quería todo rápido. Me sigue pasando. Me frustro en muchas clases y en muchos momentos. Luego te das cuenta de que esto es una carrera de fondo que requiere mucha paciencia, entreno, esfuerzo y sobretodo darte cuenta de que la perfección no existe porque siempre puede estar mejor y que siempre puedes aprender más. La parte increíble sigue estando. Mi clase era mi momento del día. Me pasaba el día pensando en la hora en la que empezaba mi calentamiento, diagonales, plies, coreografía. Las repasaba en el autobús, en la universidad y cuando llegaba el fin de semana quería que fuese lunes para mis clases de lunes y miércoles.

¿Cómo fue tu primera actuación en público? ¿Qué sensaciones tenías?

– ¡Fue algo genial! Esa es una de las razones por las que supe que quería hacer esto. Pisar el escenario, el suelo, ensayar en él. Cuando me subí por primera vez había nervios, claro que sí. Como prácticamente cada vez que me subo. Es un tipo de nervio necesario, que va implícito en la actuación. A la vez que nervios sentía una seguridad extraña. Es como que ahí arriba puedes hacer cualquier cosa. Es muy llamativo. El nervio, la inseguridad y el miedo a confundirte aúnan seguridad, disfrute y superación. ¿Cuál sería hasta el momento tu mejor momento a nivel profesional? – Mi mejor momento a nivel profesional fue cuando Chevy Muraday, director de la Compañía de Losdedae, me escribió para interpretar un papel en una de sus obras. Había ido a verle bailar muchas veces. Le había visto interpretar muchos papeles y bailar múltiples coreografías. Además había asistido a cursos de alguna de las bailarinas de la compañía. Ese día me escribió para que hiciese una prueba para el papel de Teresa en la obra de Teresa Ora al Alma. Salía en ese momento del fisio muy fastidiada con una de mis lesiones y llamé corriendo a mi madre. Ese papel supuso un gran reto porque además de la parte coreográfica, que contaba con varios dúos, algún sólo y tuttis, tenía un gran peso escénico y textos en verso clásico. ¿Y cuál sería el menos agradable? – Creo que no tengo un mal o peor momento desde que empecé a dedicarme a esto. A modo general sería la inestabilidad en la que se vive. Tienes que estar siempre activo y dispuesto. Moverte mucho, hacer audiciones. Planificar vacaciones u otras cosas es difícil porque no sabes si en ese momento te van a llamar para una actuación. Y económicamente empiezas a entender eso de “por amor al arte”. Porque esto, ¡tienes que amarlo!

¿Alguna situación para el recuerdo en todo este tiempo como bailarina?

– Cada día que te subes a un escenario es una aventura. Desde no encontrar el vestuario donde lo habías dejado para cambiarte cuando te toca salir, la voz del regidor diciendo “la función va a comenzar” y el telón se está subiendo mientras estás subiendo escaleras para colocarte, o que una compañera se lesione cinco minutos antes de estrenar una obra y tener que amoldarlo todo en tiempo récord. O cómo bailando en el Sonorama junto a Jane Dezibel y delante de más de mil personas en un festival de música y con un escenario lleno de elementos, el momento en el que nos dicen que no hay espacio suficiente para las coreografías que estaban montadas. Creo que tuve un ataque de pánico.

¿Qué recuerdos guardas de Torredonjimeno?

– Múltiples. Con mi familia, mis primos, mis amigos, mi abuela, mi tía y mis hermanos. Tengo muchos recuerdos en la placeta de Los Leones jugando. En el parque, en la piscina municipal (su tininnnini de la salida). En Navidad, en los guateques, en La Lasal el día de Reyes. También momentos en Semana Santa o en la feria. Me quedo con las charlas y comidas al lado de la chimenea con mi familia en Navidad y las cenas en el patio. Me quedo con la puesta al día cada vez que nos vemos todos los amigos. Me quedo con el olor de la Vía Verde y los atardeceres en los paseos que hemos dado. Me quedo con las tardes de café y peli en casa de mi tía y mi abuela con mis primas y hermanas. Me quedo con las cañas de la Torre y su siempre buena compañía y los vinos del Pepico. Me quedo con la Romería de Consolación y todo su polvo. Me quedo con los villancicos en los oídos que me despiertan en Navidad y el canto de los pajaritos. que siempre me recuerdan que estoy en el pueblo.

¿Con qué frecuencia vienes por aquí?

– Cuando era pequeña viajábamos a Torredonjimeno casi todos los fines de semana, en Navidad, Semana Santa y en las vacaciones de verano. Con el paso de los años estos viajes se redujeron a las vacaciones trimestrales, y a día de hoy voy cuando puedo. La Nochevieja y el día de Reyes no fallan. No he faltado nunca. Y el resto de épocas depende del tiempo libre aunque siempre encuentro algún hueco para escaparme.

¿Qué colectivo o asociación destacarías?

– No voy al pueblo tanto como antes y estoy más desconectada pero me encanta cómo siguen manteniéndose las tradiciones. Como una que hicieron con motivo del tesoro de “Don Jimeno”. Son iniciativas que favorecen la cultura, la participación y el deporte.

Algo que solo encuentres aquí.

– El olor a jazmín. Hay en más lugares pero el olor a jazmín me recuerda siempre a Torredonjimeno. Eso y el hornazo y las tortas redondas.