Barcelona y Tarragona sufrieron hace sólo unas horas ataques terroristas con actuaciones coordinadas en ambas ciudades, que eran preludio, al parecer, de un tercer golpe brutal que no llegó a producirse por la movilización inmediata y eficaz de las Fuerzas de Seguridad del Estado, incluidos los mossos d´esqudra, que están luchando denodadamente a diario contra el radicalismo de ciudadanos que eran o se han hecho musulmanes en los últimos años –algo que no presenta problema alguno, cada uno que practique la religión que prefiera- y por medio de las eficaces labores de captación y adoctrinamiento, han caído en las redes de los yihadistas. Extremistas que aspiran a unirse al ejército del llamado Estado Islámico, que dispone todavía de un territorio equivalente al del Reino Unido, territorio en el que han implantado un estado radical islámico con las consecuencias que esto trae inevitablemente, entre las que podemos destacar algunas que los europeos occidentales superamos hace tiempo: falta absoluta de libertades individuales, ausencia de sistema parlamentario, dirección por parte de los clérigos, adoctrinamiento en las mezquitas, anulación socicocultural de la mujer, permanencia del modo de vida medieval, aspiración a restaurar el Imperio Islámico, es decir, llegar hasta Covadonga –o Poitiers, según se mire-, aunque ellos en sus declaraciones dicen que “hasta Toledo”.

A partir de la enseñanza en las escuelas anexas a las mezquitas han formado a los jóvenes, de los que sólo una pequeña parte comparte las ideas radicales, pero son éstos los que realizan los terribles atentados, con la seguridad de que irán al prometido paraíso después de morir. En las ciudades en las que están implantados, se reúnen en las mezquitas y en casas amplias –y normalmente lujosas- en las que hacen sus planes, algunos con objetivos legales, que son aceptables, pero hay “células yihadistas” que planean actuaciones destinadas a hacer el mayor daño posible para después salir en los medios de todo el mundo. Para atacar, empleaban al principio armas, después bombas –a veces con suicidio del terrorista-, y desde hace dos años usan vehículos dirigidos contra espacios en los que hay una concentración humana especial y numerosa: fiesta, paseo, restaurantes, avenidas concurridas, etc. Aunque las Fuerzas de Seguridad del Estado están haciendo su trabajo perfectamente, es imposible prevenir estos atentados porque cualquier vehículo o suicida puede actuar en cualquier sitio. La respuesta contundente y eficaz posiblemente consista en seguir con la vida cotidiana normal, lo cual –a largo plazo- demostraría a los terroristas que causan dolor, pero no miedo. Por lo pronto, compartimos el dolor con los familiares de las víctimas, estamos seguros de que los recordaremos siempre y apoyamos a las fuerzas policiales en su trabajo para detectar, detener y encarcelar a estos grupos, que no tienen nada que ver con el Islam (Paz), por cierto.