Miguel López

Volvemos a la rutina y con ello regresamos a aquellos momentos por los que ha sido necesario desconectar durante este periodo vacacional. No ha de ser una cosa negativa, ya que durante este merecido descanso hemos podido valorar diferentes aspectos de nuestra vida, y ello nos puede ayudar a afrontar cualquier cambio que consideremos necesario para mejorar un poco nuestro día a día. Y por eso debemos de pensar que cada día nos puede ofrecer alguna oportunidad, la cual nosotros debemos convertir en alegría, un motivo por el que seguir luchando e ilusionándonos con lo que hacemos, ya que la vida solo te sonríe cuando dejas de pensar que es una mierda.

Debemos aprovechar cada segundo que nos ha sido brindado. Tras un mes, una quincena, una semana, un fin de semana…. Después de haber disfrutado de unos días maravillosos con gente querida, nos cuesta considerablemente volver a la rutina de la que hemos estado huyendo estas vacaciones, pero no debería ser así. Debería ser una nueva aventura que afrontar, volviendo con las pilas cargadas, preparados para afrontar cualquier bache que se nos presente durante dicha aventura, creciendo en todos los aspectos de nuestra vida, para de este modo no estemos soñando con las vacaciones del año siguiente, sino que las vacaciones sean parte de un todo en el que nos encontremos plenamente satisfechos y del que no huyamos.

Tal y como dice Ismael El-Qudsi “La nueva moneda del siglo XXI es el tiempo”. Seamos buenos administradores de nuestra fortuna, y aprovechemos cada moneda de cada día de la mejor manera posible, invirtámoslo en aprender, porque aprender es como remar contra corriente: en cuanto se deja, se retrocede, invirtámoslo en nuestra felicidad, porque la felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días. En definitiva, compremos felicidad, el tiempo nos brinda esa posibilidad, aprendamos a administrarlo, ya que si adquirimos ese bien llamado felicidad nadie ni nada nos lo podrá embargar ni robar, de este modo nadie deseará huir de la rutina, ya que la rutina será perfecta, un lugar del que nadie querrá huir.