Manuel Campos

Con los últimos días de agosto nos asalta la sensación de que el verano se acaba, aunque las temperaturas sigan altas hasta que lleguen las primeras lluvias, tan deseadas como escasas en los últimos meses. El final de las vacaciones de buena parte de los trabajadores es otro aspecto a tener en cuenta, y, cómo no, el famoso estrés postvacacional, un problema psicológico que cada año afecta a más personas, sobre todo a los que arrastran ya años de incertidumbre con respecto al futuro en su empleo y la pérdida progresiva del poder adquisitivo del que disfruta con los ingresos que percibe como salario. El ya inminente inicio del curso escolar es otro factor a tener en cuenta para niños y mayores. Se trata de un nuevo reto en lo tocante a la educación de los hijos o nietos, además de un gasto ciertamente notable para muchas familias, que, como es lógico, no quieren escatimar en educación, y tienen que hacer un esfuerzo importante, a pesar de las ayudas públicas de distinto tipo que proporciona la Administración.

En medio de  la complicada situación nos enteramos un día los tosirianos de que la imagen de la Virgen de Consolación va a ser trasladada a  la hora de la puesta del sol a la localidad en una carreta de lentos y fornidos bueyes, cuidadosamente decorada. Y todos sabemos en Torredonjimeno que este traslado de la imagen de la patrona es el preludio de la concurrida Novena y de la magnífica fiesta romera que venimos celebrando en la localidad desde hace muchos años, tantos que los tatarabuelos de los actuales habitantes de Torredonjimeno ya celebraban una romería en estas fechas que todos consideraban tradicional y antigua. Ha habido periodos en los que por distintas circunstancias se celebró la romería –y la Novena previa- en la ermita, pero desde hace ya muchos años es la imagen de la Virgen la que es trasladada a Santa María para los actos religiosos tradicionales, para volver a la ermita después de la procesión, acompañada por los romeros y carrozas que integrando una colorista y muy animada comitiva que canta, se divierte y  cuyos integrantes en su mayoría dan vivas ininterrumpidamente a la Virgen a lo largo de todo el trayecto.

Aparte de los aspectos religiosos y devotos, es una ruptura festiva que moviliza a la población, que celebra el evento en el pueblo y en la romería, algo que es exclusivamente nuestro y que, por tanto, a nosotros nos corresponde que siga siendo tan emotiva y alegre como lo ha sido hasta ahora, con un aumento progresivo de romeros que van a pie, jinetes y carrozas, que son la parte visible de la fiesta, ya que la afectiva cada uno de los ciudadanos la lleva dentro.

Podemos recordar, finalmente, algo que ya a muchos parece una anécdota inventada, pero fue una interesante realidad antes de 1970:  una Feria de Ganado que se celebraba en el Camino de Jamilena –actual calle Padrenuesto-, coincidiendo con los días 7 y 8,  con animales expuestos en las eras que había a ambos lados del citado camino. Sobre todo cerdos, por eso recibía el nombre coloquial de algo malsonante de “Feria de los Cochinos”. El predominio aplastante del ganado de cerda en esta feria –que se iniciaba en la víspera día 7- se debía sencillamente a la proximidad de las ferias de Martos y San Lucas, y a que en Torredonjimeno era el momento en que las familias se planteaban la necesidad de adquirir uno o dos cerdos para cebarlos y sacrificarlos a finales de noviembre, un acontecimiento muy especial también para la población.