Los centros de Primaria y Secundaria de Andalucía abren sus puertas siempre en los primeros días de septiembre. Este año, el día 11. Uno de los cambios que ha experimentado nuestra sociedad en los últimos cincuenta años son las nuevas tecnologías, desde que la mayor parte de la población tuvo acceso a los ordenadores personales y a los llamados “móviles”, que son a día de hoy, aparatos con los que se puede acceder a prácticamente toda la información disponible por el ser humano, además de sus posibilidades para la comunicación interpersonal y como miembros de grupos. También tenemos en este objeto -que tiene aproximadamente el tamaño de la palma de la mano del usuario-, una buena cámara fotográfica, una grabadora y la posibilidad de disponer con él de instrumentos sumamente útiles como el GPS o casi todos los avances de la Tecnologías de la Información y la Comunicación, TIC. Buena parte de estas prestaciones eran desconocidas o no existían en el año 2000, de modo que son los alumnos de los mencionados centros de Primaria y Secundaria los que han abierto sus ojos a la vida cuando estos avances eran sencillamente normales, y ellos los perciben así sin más aspavientos, como los niños de la década de 1950 considerábamos normal la existencia de la luz eléctrica, las máquinas de escribir, los automóviles o la radio. Avances que habían llegado a nuestra sociedad a principios del siglo XX, unos años muy movidos también en este aspecto (hoy los tiempos adelantan que es una barbaridad, decía un párrafo o dicho muy popular en una obra teatral de la época, 1905).

Hay quien dice que no hay que esperar al futuro porque el futuro está ya aquí. Me temo que esto no es cierto. La prueba la tenemos en la avalancha de novedades de todo tipo que nos llega cada año, cada mes, cada día. No se puede decir que el futuro es algo conocido o previsible en 2017 y por eso es tan importante la educación, la preparación de los niños y jóvenes para que sean capaces no sólo de acceder a los conocimientos actuales, algo fundamental  -por supuesto -,sino –y en mi opinión es lo más importante- de conseguir una base sólida de saberes y la capacidad de ser receptivo a las novedades que –según dicen los expertos- se van a seguir repitiendo hasta límites inconcebibles para nuestra mentalidad actual. Estamos en medio de la más grande de las revoluciones que en el mundo han sido y la sociedad que salga de ésta no se parecerá en nada a la actual, o en muy pocas cosas. Esto no es malo ni bueno. Es lo que nos ha tocado vivir, y es apasionante, sin duda.

Volviendo al tema de la educación, que será la clave que distinguirá las clases sociales en el futuro, lo único que se me ocurre es recomendar a los padres que estén atentos a la formación de sus hijos en conocimientos, valores y utilización de las TIC, porque esos son los tres pilares, además de otros secundarios. Y que se mantengan en contacto con los maestros y profesores de sus hijos porque esa es otra clave. Si los niños captan que los docentes no son respetados por la sociedad, ellos no los respetarán tampoco, ni a los docentes ni a nadie. Y este proceso perjudicará a esos niños precisamente, aunque los padres proteccionistas crean lo contrario.

En fin, es una opinión. Y creo también que,  sin olvidar que el futuro empieza hoy para esos ciudadanos que tienen entre 3 y 18 años, que cada uno –padres, docentes, autoridades- piense lo que cree que tiene que hacer, pero que no olvide que nos jugamos mucho y que el mundo que los mayores hemos conocido no es válido como referente. Sólo la educación de calidad aportará soluciones  para unos jóvenes que están ante una vida apasionante, aunque desconocida y en continua e imprevisible evolución.