Manuel Campos

Después de unos días de adaptación, alumnos, docentes y padres están ocupados y preocupados con los retos del nuevo curso casi 20 años ya en el siglo XXI, con lo que eso significa de cara al futuro. En estos días se habla mucho de los problemas de disciplina y de interés por la formación por parte de algunos, cuando no hay duda de que lo único que hace falta es un esfuerzo por parte de todos los miembros de la comunidad educativa –padres, profesores, alumnos, autoridades- para que el respeto mutuo sea lo normal en todas las actividades escolares y en las relaciones entre ellos. Donde hay respeto, los problemas se minimizan y solucionan.

Otro tema de conversación  es el de las “tareas para casa” y las “actividades extraescolares”. Unas señaladas por los  profesores; otras porque los padres quieren que sus hijos tengan una formación completa, lo que implica la asistencia a clases de danza, música, deportes, inglés o informática, aspectos importantísimos hoy día, sin duda. El problema surge cuando pensamos que el alumnado necesita tiempo libre para descansar y jugar, fundamental también.

Como es lógico, no hay fórmulas mágicas para dar respuesta a esta cuestión, pero probablemente ayude que los padres y el tutor mantengan contactos para hablar de la situación de cada alumno en concreto y decidan qué actividades extraescolares es aconsejable que practiquen porque no pueden prescindir de sus juegos y descansos en familia. En cuanto a las “tareas para casa”, son responsabilidad del profesorado, pero tratarlas en la tutoría tampoco está de más porque cada niño, cada adolescente, cada grupo es un caso que requiere la adecuada atención.