El 3 de junio de 1963 dio el paso definitivo para iniciar su camino hacia el sacerdocio y desde entonces se ha esmerado por “hacer cumplir la voluntad de Dios” aunque no sabe si lo ha conseguido. Don Cosme Sánchez López refleja el entusiasmo de quien sabe que el camino que le ha marcado Dios ha sido el más adecuado para él. Este toxiriano nos recibe en su casa para contarnos algunas de sus vivencias y recuerdos.

¿Cómo le ha tratado la vida Don Cosme?

Bien, en la vida hay cosas buenas y cosas malas, cosas muy buenas pero son cosas de nuestra vida pero no podemos renunciar a ninguna de ellas. De todo se aprende y todo se acepta. Por muy mala que sea una cosa que nos pase, no podemos renunciar a ella porque estaríamos renunciando a nosotros mismos.

¿Qué recuerdos guarda de su infancia y su adolescencia?

Los que me conozcan dirán ahora: “qué bueno se está poniendo”. Dicen que de pequeño era muy malo. Era travieso. Salía de la escuela, venía casa, soltaba la cartera y me iba a las Quebradas. Entonces no era un parque. No había día que no volviera con algún golpe o alguna herida. Cosas de los niños. Ese era nuestro lugar de juego. Lo pasábamos bien con cualquier cosa.

¿Qué ha cambiado y cómo ha cambiado Torredonjimeno en estos años?

Todo ha cambiado mucho. Si es lo material, solo hay que mirar las calles y las casas. Como sacerdote me fijo en la religiosidad. Ha bajado mucho en medio siglo. A pesar de los llenos en los templos con las Novenas de Consolación y San Cosme y San Damián, esas vivencias religiosas que se vivían antes se han ido perdiendo.

¿Teme que esa religiosidad se vaya perdiendo con el paso de los años?

Al pueblo de Dios le queda todavía ese sentido de religiosidad. No hay nada más que ver expresiones como la Romería o las procesiones de Semana Santa. Si luego en la práctica de misa dominical, desciende; bueno, la Iglesia empezó por doce personas. A veces es casi bueno llegar a ese mínimo para decir que nos ponemos a disposición de Dios. Incluso aunque disminuyera, desaparecer no desaparecerá.

¿Cuándo decidió que quería ser cura?

No somos nosotros los que elegimos una vocación religiosa. Cuando Dios quiso. No se me puede olvidar, el 3 de junio de 1963. El día que murió San Juan XXIII. No lo decidí yo, fue el impulso que me dio Dios por las circunstancias.

¿Qué le dijeron sus padres al enterarse de su decisión?

Mi familia era muy religiosa, lo vieron con alegría. Mi madre me dijo que si algo salía mal siempre podría volver a casa y fíjate aquí estoy en la casa que me ofreció hace sesenta años.

¿Cómo fueron sus inicios?

En el seminario en tres meses perdí 15 kilos, llevaba la penitencia propia de esos momentos. Unas veces vas siendo muy feliz, luego hay otras que vienen golpes pero Dios te va ayudando a marcar el camino. La vida de un cura es igual que la vida de cualquier persona.

¿Cuál fue su primera parroquia?

La primera parroquia cuando me lo dijeron y fui a verla. Al llegar me dijeron, cuidado con circular por la nave derecha. Había unos bancos y una soga acotando esa zona. Era en Higuera de Calatrava. La primera impresión era que se me venía la iglesia encima. Me ponía a decir misa desde el altar y la gente se colocaba en los últimos bancos por si había que salir corriendo. Estuve poco tiempo pero se arregló todo aquello.

¿Era más fácil ser cura hace sesenta años que ahora?

Quizás sea más difícil  por el ambiente en el que te encontrabas, porque estabas todo el día metido en la iglesia, había más actos de culto. Ahora sales de la iglesia y el mundo está esperándote con las garras. Antes se estaba más metido en casa y en la iglesia. Son cosas que las hace la personalidad del sacerdote.

¿Es de los que piensa que hacen falta cambios en la Iglesia?

La Iglesia también cambia. Y eso demuestra que está viva. A veces los cambios que desea el mundo, hay que tomarlos con tiempo. Los hay y los habrá.

¿Le gusta el Papa Francisco?

Dios siempre está cuando se echa el cerrojo en el cónclave. Aunque haya tejemanejes como se ve en las películas, incluso en esas situaciones, el Espíritu Santo guía a la Iglesia en esas situaciones. Ha habido Papas de todas las clases. Las palabras porteñas del Papa Francisco se refieren siempre a que la Iglesia tiene que salir de sí misma para buscar a los que están más alejados. Es lo que necesitaba en este momento la Iglesia. La Iglesia está teniendo el Papa que necesita en cada momento.

¿Cuántas ha acudido alguien a usted para pedirle consejo?

Muchas veces, sobre todo en los pueblos. Aquí como estoy casi jubilado y no tengo mucho trato con la gente. Cuando estaba en otros pueblos, la gente sí acudía a mí para pedir algún consejo sobre cualquier cosa. La gente necesita que la escuchen. Ahora se ha volcado sobre los psicólogos. Los curas hacemos muchas veces esas funciones de psicólogo. El sacerdote tiene que perdonar el pecado, tiene que ser maestro para comprender lo que le está diciendo el otro, tiene que ser juez para ver si es grave o no es grave el pecado y tiene muchas veces ese papel de psicólogo.

¿Qué es lo que más le gusta de su pueblo, de Torredonjimeno? ¿Cómo describiría a su gente?

Cuando salgo y salen también los niños de la escuela. Eso me da a mí la vida todos los días. A primera hora llevan una cara de pocos amigos pero siempre se ha dicho que el anciano y el niño se complementan. Son los recuerdos. Cuando te encuentras que algunos han sido alumnos tuyos, te das cuenta de cómo han cambiado los tiempos. Los toxirianos y toxirianas son gente buena y trabajadora, gente que se tira toda la mañana a luchar por la vida. Luego como en todos sitios, hay que gente que lucha por hacerle la vida imposible a los demás.