Llegamos a una de las fiestas más ruidosas y movidas del año, total y genuinamente pagana, ya que su coincidencia con el día de san Silvestre se debe sencillamente a que este Papa  murió en esta fecha- fue un pontífice muy importante porque convocó el Concilio de Nicea (325) en el que se fijó el credo cristiano, aunque parece que tuvo mucho que ver en ello el emperador Constantino, más aficionado de lo debido a manejar la Iglesia, por lo que se sabe- .

El núcleo de la celebración es vitalista y gozoso porque si llegamos a escuchar las campanadas de las 12 de la noche del día 31 de diciembre quiere decir que hemos vivido un año más. A partir del hecho de que estamos vivos, podemos hacer proyectos y planificar el futuro: primumviveredeindephilosophari, lo más importante es sobrevivir, después filosofar.

Esta celebración llega a Torredonjimenoen medio de la campaña de la recolección de la aceituna, razón por la que las clases modestas la celebraban en los cortijos o los hogares sin demasiado alboroto, entre otras cosas porque al día siguiente había que trabajar. Como es lógico, las clases más acomodada acudían a los cotillones organizados por restaurantes con salones, casinos, balnearios, etc., en los que la juerga duraba hasta el día siguiente, con cena, baile, refresco, espectáculos, etc. Incluso hay algún que otro Palacio de la Ópera del XIX en Europa que tiene asientos plegables, de modo que en Nochevieja se quedaba el espacio despejado para celebrar la Corte la fiesta allí hasta el amanecer, volviendo los asientos a su posición para disfrutar del Concierto de Año Nuevo a mediodía. El caso es celebrar por todo lo alto que estamos vivos y tenemos otro año por delante. El champán, los licores, los cócteles y demás combinados abundan por todas partes, así como la costumbre de acudir a la Plaza en la que se halla el reloj de la localidad para seguir las campanadas, hábito que se inició en España en la Puerta del Sol madrileña también en el siglo XIX y se extendió  por todas partes. Lo de las uvas es posterior, de principios del siglo XX, y la idea la pusieron en marcha unos propietarios de grandes viñedos que tuvieron excedente de producción y se les ocurrió venderlas en bolsitas de doce para tomarlas con las campanadas del reloj: son las “uvas de la suerte” que hay que tomar por si las moscas, ocurrencia que tuvo un éxito tan grande que desde hace muchos años se comercializa el producto y se vende como nadie hubiera imaginado al principio. Desde la década de los años sesenta son muchas las personas que no van a trabajar el día 1 de enero  y pueden acudir a la Plaza en la que se halla el reloj y seguir la fiesta después durante varias horas, de modo que la fiesta es hoy tan popular como pueda serlo la feria u otra similar, con ciertos excesos que todo el mundo disculpa, dadas las. circunstancias. Una noche para pasarlo lo mejor posible con la ilusión de que el año que ahora nace sea feliz y próspero, o al menos eso nos deseamos unos a otros durante varios días:

¡Feliz Nochevieja y Feliz y Venturoso Año 2018 para todos¡